Las pequeñas victorias

Hablemos un poco acerca de las expectativas.

Comienza un nuevo año y con ello los típicos propósitos monumentales: voy a ser más ordenada, voy a ir al gimnasio todos los días, voy a escribir un libro, voy a dedicarme.. por fin.. a lo que me gusta, voy a aprender a tocar el ukelele después de tenerlo 4 años colgado de la pared.

¿Qué tal si este año lo dedicamos a cosas pequeñas pero poderosas?

Y claro que la voluntad y el ímpetu de comenzar un nuevo ciclo nos ayudan a poner en marcha intenciones. Pero como la voluntad no es suficiente, terminamos dejando todo a medias y sintiendo que no somos capaces de mantener la disciplina.

Porque a veces pensamos que la vida funciona bajo la premisa del todo o nada. O hago todas esas cosas que me he propuesto o no soy capaz de hacer ninguna.

Rescatamos este párrafo del taller de Diario Visual:

«El otro día escuché una frase: La vida es un conjunto de pequeñas victorias. La escribí en un papel y la guardé para mí. Tendemos a pensar que todos los proyectos que nos proponemos tienen que ser grandes y determinantes y a veces solamente hace falta un conjunto de cosas pequeñas para empezar a ver cambios más generales»

Y la frase «pequeñas victorias» va a ser nuestro mantra para este año. Madrid amanece con una nevada nunca antes vista y una vez más la naturaleza nos da lecciones acerca de todas aquellas cosas que no podemos controlar.

Entonces en vez de hacernos promesas grandes y distantes

1

Porque en realidad lo primero que hace la gente cuando está viviendo algo que le parece único o especial es guardarlo y contarlo. Las calles de Madrid se llenan de nieve como nunca antes y salimos a verlo, pero también salimos para poder compartirlo.

Para contarlo a quienes no están con nosotros y para guardarlo para nuestro yo del futuro.

La fotografía y la escritura no son hobbies, son una extensión de nuestro lenguaje.


En palabras del escritor argentino Carlos Skliar:

«Frente a la destrucción que origina el tiempo acelerado, la celebración del instante puede ofrecernos la potencia mayúscula de las rebeliones: la rebelión de la mirada —mirar como si mirásemos por vez primera—, del escuchar —recibir las verdades que otros narran o encarnan—, del pensar — pensar de otro modo, pensar otra cosa—, del decir o del callar —buscar y encontrar la propia voz—; en fin, la rebelión del tiempo (…)».



Abrazo en la Deriva

Ori y Pepa.

Quiero recibir la newsletter Faro

.